A CABALLO REGALADO NO SE LE MIRAN
LOS DIENTES. Aunque en muchas ocasiones de la larga o corta vida hay que mirárselos, porque no todos los
regalos tienen la misma procedencia y entonces sucede que llueven los regalos
por conveniencias que a veces se transforman en mensajes que se transforman en aprietes
que se transforman en dolos que se transforman en corrupciones que terminan
pareciendo rutinas normales que además no padecemos como si no nos diéramos
cuenta que estamos estrellando una construcción de valores que, no solamente
nos hacen mejores sino que mejoran nuestros entornos, entonces al caballo
regalado hay veces que hay que mirarle los dientes que son los que marcan de
alguna manera el derrotero de eses amigo del hombre que a veces lo trata como si
fuera un enemigo, porque los regalos a veces por acomodos se transforman en
fachadas que se transforman en el Aleph de ese yo arrinconado que todos
llevamos, encorsetados en esos infinitos finitos que se reproducen por la
conciencia o los espejos, de todos los que miramos ,os dientes de los caballos
cuando no hay que mirarlos y no miramos los dientes de los caballos regalados
cuando hay que mirarlos, para ser mejores.

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