Ahí en medio de sábanas suaves y acogedoras
que permitían estar en bolas en pleno invierno porque además en el hotel el
mismo hotel de toda la vida de los viajes de trabajo de los viajes de placer de
tirar manteca al techo, había calefacción central y almohadas y cojines y
almohadones que ayudaban con los juegos de fornicar y de volver a fornicar
durante toda la noche y las primeras horas de la mañana, pelear con la resaca
las ganas de seguir empardando unos vinitos o pelear con las ganas de ponerse una
y otra vez entre las piernas de esa hembra fantástica y tiernita pidiendo que
se la den pidiendo más de lo mismo de lo que se puede dar una y otra vez porque
el chupe reconforta y permite recomponer energías y darle por todos lados, pelear
con los efectos de más de esas cajitas de termidor que pasaban la noche
anterior como agua emanando de fuentes milagrosas de la mano de mozos comedidos
por propinas abundantes que se filtraban en las cobranzas de docenas de
boletitas que salían con cada pedido de rondas de libaciones y comidas en la
jarana clásica de los viernes porque son es y serán víspera de los sábados y de
los sábados que fueron y son y serán vísperas de los domingos y de los domingos
que fueron son y serán vísperas de feriados y conmemoraciones patrias o
religiosas, elegir o seguir eligiendo entre esas bebidas que pasaron y pasaban
por la mesa cubierta con ese mantel de hule desteñido de tanta lavandina que le
pasaban las viejas que lidiaban con las limpiezas del club después de las jodas
descontroladas para quitar además de la mugre el vaho de olores que dejaban los
que desfilaban por ahí por fumar y chupar todo el día, pelear con eso y por
adentro con parar la embriaguez o el entusiasmo por esa hembra que toda desnuda
espera el segundo polvo o el tercero diciendo papito metela, predispuesta la
hembra, pelear con la conciencia o la inconciencia de la embriaguez y esa
hembra que entre las sábanas se retuerce y gime como si se la estuviera
metiendo, el fama dudaba meditaba en silencio al final de cuentas esa cronopia
era hija de su hermano más querido se daba cuenta en medio de la tranca que
traía de la víspera y de la resaca que lo invadía, filiaciones de las que
tendría que haberse acordados antes y no después como estuvo borrachín y
descuidado en las penumbras de los pasillos y los cuartos volviendo de la joda
descerebrado, culpa tal vez del conserje se la metió en el cuarto y en medio de
las sombras las tonalidades de los pasillos en las madrugadas cuando el fama haciéndole
un ojito y poniendo unos mangos en el bolsillo le pidió por una acompañante por
hora.

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