Zafó de huir sin el ajuar negro
de siempre de salir a los tumbos vestido a medias en medio de peleas
intrincadas reclamos zafó de dejar la pilchas más queridas desparramadas por el
cuarto el infierno todos los infiernos de buenas intenciones de los viejos
expresadas con gritos con impostaciones, zafó de salir sin los ornamentos de
tachas plateadas que completaban su atuendo cadenas pulseras, relucientes como
debían estar para resplandecer con la luz negra de la cueva o de las cuevas
donde tenía asistencia perfecta los boliches de onda, zafó de salir en medio de
protestas como siempre por su vida de heavy, de onda lo hizo por ella, para
estar con ella en los escalones de la estación Congreso a la hora en que la
gente duerme a la hora en que la gente se ausenta escapándole a la noche en ese
cielo en esos cielos después de la refriegas en la pista en las pistas de
baile, para replegarse con ella para estar bien dark como dicen ellos, los dos
disimulados en las sombras tenebrosas de ese minúsculo pedacito de la calle más
larga del mundo, zafó del delirio de imaginar que ella jugando se muestra se le
ofrece se desvanece como el aire entre las rejas de los portones con candados, zafó
de andar deambulando de ir y volver de Constitución para buscarla a ella que
aparece y desaparece como a mil revoluciones por minuto.

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