Después mucho después de las
noches mucho después de las oscuridades esas en medio de las que se estaban
yendo los milicos y volviendo los políticos con sus mandamientos y sus mamotretos
de constituciones inservibles que eran insubordinaciones a esas ridiculeces de
pedir documentos para nada las averiguaciones de antecedentes pretextos que
usaban para torturas y preguntas insustanciales, después de eso mucho después
de los mamarrachos, el tipo de onda lo hizo por ella y a mil, como nunca antes
como lo hizo zafó de sus viejos de una se sacó de encima el peso de todas las
recomendaciones de todos esos consejos de haz lo que yo digo no lo que yo hago,
de una se libró de sus oraciones vespertinas de sus delirios solitarios de
viejos aburridos, zafó de sus repetidos sermones que no lo copaban, y se sacó
de una de encima el fetiche de las luces mortecinas de las lamparitas de veinticinco
y el olor del humo de las velas de las velitas que cada viernes encendía la
mamá recordando a su hermano, ese subalterno sumiso subordinado a causas del
pueblo de un pueblo invisible como los jefes del otario jefe de los que son
pobres y los desposeídos, embarcado en el ARA para defender una patria donde
unos juntaban chocolatines para mandarles a los soldados para que no se
murieran de frío y otros se los afanaban
y colocaban con sobreprecios en quiscos del barrio, de onda lo hizo por ella de
onda zafó de los pesados con sus tics con sus mañas y con sus manías, zafó de
la vieja y ese recuerdo circular de imaginar al otro ahogándose en un océano
que conocía solo por el atlas y de las alucinantes borracheras del viejo que a
la hora de las sobremesas en las noches se desgañitaba para que alguien le
escuchara sus historias, despegó rápido después de un solo trago del
aguardiente que a él le hacía de cicuta para indicarle que estaba entonado,
preparado para entrar en los infiernos que recorrería durante la noche, zafó
del brindis pasajero con los veteranos que quedaron adormecidos justo para no preguntar
demasiado si total a la vuelta les contaba, zafó con el energizante que se
tomaba para los músculos y para ponerse cool tan copado, que era lo que
necesitaba en las próximas horas, a la revoluciones que necesitaba para
enganchar a ella por la que comenzaba, desenganchó de andar escuchando sermones
provocaciones de esos viejos que juntaban el tiempo de ellos con su tiempo de
revoluciones a eso de que aunque se sea pobre hay que ser honrado.

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