Blandiendo los erkes blandiendo
las quenas los coyitas disciplinados bajaban alineados en sus misa chicos esas
navidades que parecían como las otras navidades de magias y de francos largos
donde se chupaba como dios manda sin las obligaciones de los horarios para
entrar puntuales en los turnos, blandiendo los altares de la virgencita y el
niño latiendo los corazones librados por unas horas del surco de transpirar
como cristiano machete en mano los coyitas cantaban los villancicos mientras el
cura Martínez bendecía a diestra y siniestra después de unas cuantas libaciones
de chicha y de limonada y los turistas se hacían de la foto del año eternizando
los contrastes entre el lote y el ingenio entre las casas de los cosecheros y
las casas de los supervisores y los jefes, entre los privilegios y las obligaciones,
pero esas no eran unas navidades cualquiera les decía Palito a sus invitados no
eran de andar jodiendo con el interventor que está como intendente que anduvieron
haciendo listas negras y apuntando a los vecinos buchones de quienes se vuelcan
por los zurdos y quienes son leales a los patrones, de andar con entuertos
cuchicheos y chismes llevando y trayendo, de hacer sabotaje en la fábrica, de
andar mordiendo la mano de quien alcanza el alimento.

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