Calavera como el
mejor de los calaveras, chueco como el flaco Marcial que era su mejor amigo,
desgarbado la uñas incrustadas de tierra y de grasitudes de comer con las
manos, puntual en su trabajo pero en una tranca que lo llevaba putas, el
pregonazo aparecía entre las cuatro y media y las cinco de la mañana con el paquete
de diarios en la luz roja, más que para venderlo, para tomarse el culo de vino o
del whisky o lo que fueran las bebidas, que a esa hora quedaban en los vasos de
los parroquianos que comedidos y saciados de almíbares que embriagaban y sexos,
le convidaban al canillita de buena gana que hacía hora para comenzar con sus
repartos por los domicilios cercanos así entre sano y mamado, así tambaleándose
y babeándose de la mama pasaba esa hora antes del reparto en ese infierno que
disfrutaba porque ellas las chicas también generosamente y borrachas se baboseaban también por los clientes, lo
dejaban que toque lo que quisiera, puntual en su trabajo después de dormir un
par de horas en la terminal del Balut que llegaba con los diarios el pregonazo
deambulaba por esos antros hasta que con las primeras luces de Febo jugando con
sombres y fogonazos le tocaba ir por las casas donde dejaba sus prendas con una
compostura que lo traía de la borrachera a medias, antes que amaneciera para
terminar como mucho antes de las diez de la mañana, todos los días igual menos
los feriados y los asuetos como en los días de veranos insoportables cuando se
acercaba la navidad, cuando esperaba los misa chicos que bajaban de los lotes
adorando a la virgencita y al niño, todavía en los atardeceres, para garronear
chicha y aloja que le servían para adobarse y dormir la mona como un bebé hasta
el otro día cuando todo su mundo todos sus pruritos empezaban de nuevo,
deambulando por ahí por calles avenidas y plazas, apretado por el abandono y su
tristeza.

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