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Saturday, September 10, 2016

Este rima otro.


La llegada a los contornos inhóspitos del chaco gualamba fue para el la oportunidad de ver nuevamente y de lidiar con los chahuancos, esos matacos con cara de belicosos pero más buenos que el pan cuando estaban cuerdos más que cuando se machaban, que un par de años atrás había conocido con Franklin su padre en Anatuya, trabajando el quebracho que derecho iba a convertirse en durmientes del ferrocarril, en un monte que no era el monte arado en el que estaba ahora parado, adonde había que entrar a caballo y con guardamontes por las espinas de los cardos y los naranjales salvajes, un lugar inhóspito también que el progenitor regenteaba como capataz después que perdiera varias hectáreas de la misma pródiga tierra, donde los quirquinchos y las zarzamoras no abundaban como en otras épocas, matacos que ahora supervisaría por instrucciones directas  del ingeniero directamente en la zafra de la caña de azúcar, además de que fue una llegada a todo bombo como a él le gustaba porque en su pasada por el jardín de la república en el último ciclo lectivo que usó su título de maestro normal nacional se levanto a una doncellas codiciada por cuanto varón merodeaba en las inmediaciones y además miembro activa de la alta sociedad con baile de presentación de los quince y todo, qué más pedirle a la vida a los veinte. Este lo sintió así, en El Talar Departamento Sata Bárbara por donde andaba.

La llegada a los contornos de la frontera con Bolivia fue para el la oportunidad de hacer una residencia pero sin la ayuda de los médicos profesores que por conocimiento o por vergüenza porque nadie sabe todo y todo el tiempo, siempre tenían un as bajo la manga del guardapolvos blanco, para recetar pócimas jarabes o compresas que funcionaban mejor que las de él o las de cualquiera de los otros residentes que lo intentaran aunque fueran los mejores alumnos o los más chupamedias niñitos de mamá que se creían dueños de la universidad pública, fue para el la oportunidad inculcada por su padre de volver a sus fuentes con su gente humilde y del campo, como el doctor de los que necesitaban porque se enferman igual que los ricos y se mueren diferente por falta de atención le repetía siempre el viejo. después de todo se recibió de médico con el fruto del trabajo de un agricultor de poca monta que siempre empataban los compradores que llegaban de las ciudades y compraban a su padre y a centavos la producción lo que después vendían en pesos, también fue la oportunidad de eso de dar a gente de origen humilde como él un poco de lo que él mismo o su familia no tuvieron cuando se sintieron apremiados por no tenerlos en el campo inhóspito del ingenio Aguilares en el jardín de la república, donde su padre además de cañero independiente por lo que vivían empatándolo era agricultor de chacra pequeña, todo un logro para él llegar en la chatita que compró por dos mangos pero con el motor funcionando aunque quemara aceite como la puta madre, y la flaca dentista que se le había resistido hasta el último y a la que convenció de contraer nupcias con el con unos anillos de oro idénticos que le encantaron. El otro lo sintió así, en Pichanal Departamento Orán por donde andaba.

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