La llegada a los
contornos inhóspitos del chaco gualamba fue para el la oportunidad de ver nuevamente
y de lidiar con los chahuancos, esos matacos con cara de belicosos pero más
buenos que el pan cuando estaban cuerdos más que cuando se machaban, que un par
de años atrás había conocido con Franklin su padre en Anatuya, trabajando el
quebracho que derecho iba a convertirse en durmientes del ferrocarril, en un
monte que no era el monte arado en el que estaba ahora parado, adonde había que
entrar a caballo y con guardamontes por las espinas de los cardos y los
naranjales salvajes, un lugar inhóspito también que el progenitor regenteaba
como capataz después que perdiera varias hectáreas de la misma pródiga tierra, donde
los quirquinchos y las zarzamoras no abundaban como en otras épocas, matacos
que ahora supervisaría por instrucciones directas del ingeniero directamente en la zafra de la
caña de azúcar, además de que fue una llegada a todo bombo como a él le gustaba
porque en su pasada por el jardín de la república en el último ciclo lectivo
que usó su título de maestro normal nacional se levanto a una doncellas
codiciada por cuanto varón merodeaba en las inmediaciones y además miembro
activa de la alta sociedad con baile de presentación de los quince y todo, qué
más pedirle a la vida a los veinte. Este lo sintió así, en El Talar Departamento
Sata Bárbara por donde andaba.
La llegada a los
contornos de la frontera con Bolivia fue para el la oportunidad de hacer una
residencia pero sin la ayuda de los médicos profesores que por conocimiento o
por vergüenza porque nadie sabe todo y todo el tiempo, siempre tenían un as
bajo la manga del guardapolvos blanco, para recetar pócimas jarabes o compresas
que funcionaban mejor que las de él o las de cualquiera de los otros residentes
que lo intentaran aunque fueran los mejores alumnos o los más chupamedias
niñitos de mamá que se creían dueños de la universidad pública, fue para el la
oportunidad inculcada por su padre de volver a sus fuentes con su gente humilde
y del campo, como el doctor de los que necesitaban porque se enferman igual que
los ricos y se mueren diferente por falta de atención le repetía siempre el
viejo. después de todo se recibió de médico con el fruto del trabajo de un agricultor
de poca monta que siempre empataban los compradores que llegaban de las
ciudades y compraban a su padre y a centavos la producción lo que después vendían
en pesos, también fue la oportunidad de eso de dar a gente de origen humilde
como él un poco de lo que él mismo o su familia no tuvieron cuando se sintieron
apremiados por no tenerlos en el campo inhóspito del ingenio Aguilares en el
jardín de la república, donde su padre además de cañero independiente por lo
que vivían empatándolo era agricultor de chacra pequeña, todo un logro para él
llegar en la chatita que compró por dos mangos pero con el motor funcionando
aunque quemara aceite como la puta madre, y la flaca dentista que se le había
resistido hasta el último y a la que convenció de contraer nupcias con el con
unos anillos de oro idénticos que le encantaron. El otro lo sintió así, en
Pichanal Departamento Orán por donde andaba.

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