Reverendo, tremebundo lío se
armaba en las calles del pueblo cada vez que entraba el circo de Sibalero en
medio del ruido de dos o tres bombas de estruendo en medio de las piruetas y
las gracias de los monos que parecía se aplaudían a sí mismos y que aparecían en
las filas de la comparsa primero como adalides con los payasos, religiosamente
puntual algún día sofocante de la primera semana de enero llegaba el circo y se
armaba un lío de novela, una maraña de autos y de motos de jardineras y de
carros del reparto del almacén grande de los dos colectivos de la única línea que
iba y venía de libertador al ingenio y si se daba del Balut o el Atahualpa que
iban y venían de otras ciudades remotas, un enjambre de personas y de paisanos de
a pie y de obreros que casualmente cambiaban sus turnos en la fábrica apeados
de sus bicicletas siguiendo el tropel de rastrojeros y camiones tres cincuenta
donde irían la carpa y otros enceres y que remolcaban los andamios donde se paraban
la mujer barbuda Atlas y los trapecistas y los equilibristas, semejante lío se
armaba y nosotros envalentonados con las gentes que se agolpaban en las veredas
y en las calzadas todas de tierra después que la caravana doblaba a la derecha
saliendo de la línea de la ruta treinta y cuatro la única que estaba asfaltada,
parecía que nadie quería perderse de ver a los leones bufando más que rugiendo en
sus jaulas herrumbradas, a los ponis relajados en sus sudores con sus recados negros
incrustados de tachas plateadas o doradas sus adornos que reflejaban la luz del
sol con bozales sin cabestro ni cabezadas, nosotros, deslumbrados y anónimos y pequeños
seguíamos el séquito como cualquiera, religiosamente también envalentonados haciendo
tonterías hasta que nos llegaban los nervios y los miedos, de no ser aplastados
por el gentío o los vehículos, de que las víboras del faquir no se salieran de
sus canastos porque eso nos daba mucho miedo tal vez por los rayes de mamá que
exageraba diciendo que eran boas malas y ponzoñosas y venenosas, que además nos
decía que nos cuidemos de los gitanos que llegaban para la misma época y acampaban
cerca del circo, especialmente de las gitanas que no las miráramos a los ojos
porque si no podían llegarnos sus conjuros.

No comments:
Post a Comment