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Tuesday, June 28, 2016

Miedos en medio.



Reverendo, tremebundo lío se armaba en las calles del pueblo cada vez que entraba el circo de Sibalero en medio del ruido de dos o tres bombas de estruendo en medio de las piruetas y las gracias de los monos que parecía se aplaudían a sí mismos y que aparecían en las filas de la comparsa primero como adalides con los payasos, religiosamente puntual algún día sofocante de la primera semana de enero llegaba el circo y se armaba un lío de novela, una maraña de autos y de motos de jardineras y de carros del reparto del almacén grande de los dos colectivos de la única línea que iba y venía de libertador al ingenio y si se daba del Balut o el Atahualpa que iban y venían de otras ciudades remotas, un enjambre de personas y de paisanos de a pie y de obreros que casualmente cambiaban sus turnos en la fábrica apeados de sus bicicletas siguiendo el tropel de rastrojeros y camiones tres cincuenta donde irían la carpa y otros enceres y que remolcaban los andamios donde se paraban la mujer barbuda Atlas y los trapecistas y los equilibristas, semejante lío se armaba y nosotros envalentonados con las gentes que se agolpaban en las veredas y en las calzadas todas de tierra después que la caravana doblaba a la derecha saliendo de la línea de la ruta treinta y cuatro la única que estaba asfaltada, parecía que nadie quería perderse de ver a los leones bufando más que rugiendo en sus jaulas herrumbradas, a los ponis relajados en sus sudores con sus recados negros incrustados de tachas plateadas o doradas sus adornos que reflejaban la luz del sol con bozales sin cabestro ni cabezadas, nosotros, deslumbrados y anónimos y pequeños seguíamos el séquito como cualquiera, religiosamente también envalentonados haciendo tonterías hasta que nos llegaban los nervios y los miedos, de no ser aplastados por el gentío o los vehículos, de que las víboras del faquir no se salieran de sus canastos porque eso nos daba mucho miedo tal vez por los rayes de mamá que exageraba diciendo que eran boas malas y ponzoñosas y venenosas, que además nos decía que nos cuidemos de los gitanos que llegaban para la misma época y acampaban cerca del circo, especialmente de las gitanas que no las miráramos a los ojos porque si no podían llegarnos sus conjuros.

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