En los veranos cuando salía del
turno de la mañana llegaba descuajeringado a la casa buscando los cuarenta y
cinco grados a la sombra con los que el periodista Grande parecía embromar a
los vecinos que a esas horas de las siestas tenían alguna obligación pero
además que estaban condenados a escuchar la única a eme del pueblo, le salía
humo por todos los orificios y agua por los poros del mal humor que tenía como
el humito que se desprendía de las tejas de los techos de las casas alrededor de
las cuales no volaba ni una mosca, como no volaba una mosca adentro en la casa
desierta porque todos andaban en las suyas y la mujercita dejaba el tendal de
espirales encendidos tambaleándose con el aire fuerte de los tres ventiladores
ubicados en rincones donde se renovaba el aire pesado para esos zancudos de
mierda, humus se le volvían los humos en los inviernos cuando salía del turno
de la noche y llegaba enterito buscando el calorcito de su casa imaginando que
funcionaba también para los vecinos chismosos que a esas horas estarían
sacándole el cuero, ahí sí que le cambiaba el humor porque estaban todos
encontraba a los chicos cansados y la jefa lista para irse a la camita a
fornicar con él después de andar como esclavo en la fábrica.

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