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Tuesday, February 02, 2016

Charlas rima entregas.




Vagas charlas eran livianas tertulias en las que medíamos las posibilidades que nos bajaran la caña en la educación cívica del cura Martínez que aprobaba solamente a las chicas que sabían menos que cualquiera de nosotros y así supiéramos un montón de esa cantidad de cosas que se desesperaba por meternos en la cabeza duro como era porque se notaba a la legua que él también las aprendía por ahí porque era español recién llegado y quisiera fijar esas leyes en su cabeza, concilios de tigres merodeando a las hembras eso eran nuestras reuniones en los recreos en las largas jornadas de las yutas que nos hacíamos cuando se juntaban las horas libres con los hartazgos del director García que cada vez que nos mandábamos una nos daba un sermón no menor de media hora una cagada un sermón había que aguantarlo con ese tilde de profesor prolijo y rompe pelotas, frívolas conversaciones en las que hacíamos pactos de amigos de sangre con promesas pegajosas de no fallutearnos nunca de respetarnos en los códigos de no entregar compañeros que se copiaran o tuvieran éxito con la utilización de los machetes que escondían en las solapas de los guardapolvos o en rollitos minúsculos de papel como burdas reproducciones de papiros de momias resucitadas, palabreríos de amigos eran nuestro conciliábulos que eran más abundantes que las veces que nos juntábamos como para cumplir con las consignas de clase, hasta que cayó la intervención en la municipalidad y alguien dijo que se había acabado la joda ahí nuestras juntas se pudrieron, cada vez peor a medida que los milicos comenzaron a pesquisar en los recreos.

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