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Monday, January 11, 2016

Trato rima ascenso.




El gesto de cortesía de Oteguita cuando lograba que los jefes fueran a las reuniones que cada quincena se hacía en su casa para comerse una cabeza guateada, era ofrecerles a sus superiores la oportunidad de comenzar con los pinchazos por donde quisieran hincar el tenedor sobre esa extremidad envuelta en arpillera mojada tan particular adobada y cocinada por horas en un agujero abierto a ese propósito en el patio de la casa rellenado y alimentado con brasas, mientras les explicaba con aires de entendido que los manjares estaban en los ojos en la lengua fileteada en los carrillos de ese manjar que alcanzaba para unos veinte comensales que completaban además de él u sus tres superiores, unos cuantos de sus compañeros y los miembros de sus familia, el gesto de cortesía de él acentuando y exagerando los don era ofrecerles una y otra vez la posibilidad que ellos se sirvieran para que después los demás pudieran seguir el mismo derrotero, era ofrecerles las exquisiteces más exóticas de ese plato exótico, que aparecía después de las picada con salame picado grueso gruyere y pan francés que aunque era lo más barato era la cobertura que Orteguita y sus patrones y sus invitados necesitaban sí o sí para aguantar las horas que se pasaban de libaciones de vinos comunes y gaseosas que se compraban a último momento porque los fondos salían de vaquitas que se hacán más que nada entre los que venían de garrón, el gesto de cortesía era ese porque todos los cierres de las quincenas cuando todos en el ingenio andaban con los bolsillos llenos como Orteguita, él soñaba que a la larga era un gesto que sus jefes devolverían en algún momento dándole un ascenso, de barredor en los galpones de estiba a encargado de la cuadrilla.

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