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Sunday, January 17, 2016

Prendidos rima apagados.


Si alumbraban más o menos los rincones que de todas maneras eran oscuros esos rincones inolvidables y oscuros de esos cuchitriles oscuros también en sótanos o galpones acondicionados donde íbamos cada noche oscuros nosotros también neurasténicos porque las cosas no nos salían como queríamos rebeldes sin causa nos decían imberbes apagados que teníamos que saber el número de documento de identidad de memoria culpa de esos milicos de mierda aplaudidos encima por la gente intrigante y apagada también cuando nadie daba la cara, donde cada noche puntuales concurríamos a chapar a rascar a franelear que no era mucho más de unos toques tan inocentes que nos dejaban mal parados con las chicas que quedaban pasmadas y palmadas y que ya andaban desesperadas por otras cosas de las que podíamos darles nosotros, si las luces psicodélicas del boliche de las bolas colgadas en dos o tres lugares eran incandescentes y el último grito de la moda, si la luz blanca cuando apareció traía para delante nunca lo supimos muy bien si era eso o sensaciones de los efectos traían para adelante nuestros calzones o los corpiños de las minas en situaciones que además nos cruzaban mal con otras cosas que eran cosas que parecían nimiedades pero que después daban para reproches o puteríos entre nosotros, y era eso que cualquier pelusa de mierda desparramada sobre la remera o el sweater de cualquiera a la altura de los hombros parecía una caspa además de abundante repugnante por culpa de la misma luz, no los discutimos entonces ni se nos hubiera ocurrido discutirlo estábamos en otras cosas, porque en tanta oscuridad nosotros andábamos más encendidos que nunca, prendidos en la edad de merecer.



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