Las resacas eran más largas que esperanzas de
pobres seguían en las entradas tempranas a la fábrica donde todos laburaban
medio sanos, medio en pedo, porque para los infelices de los estibadores era su
forma de mitigar un destino de mierda bien pago, pero cagándose el físico para
toda la vida, aunque denunciarlos a los del ingenio era lo más fácil de mundo,
pero también lo más inútil para recuperar lo perdido porque al final de cuentas,
aunque hubiera forradas en guita ellos ponían lo que los abogados les escarbaba
pero lo mismo los achaques no se curaban, las resacas duraban un siglo y
seguían en los almuerzos con la familia que se aprovechaban para regadíos extra
algún vinito de yapa que se filtraba sin que nadie se diera cuenta, las resacas
pasaban intactas las siestas que terminaban en despertares atosigados de
arcadas y de problemas porque se volvía irremediablemente a las realidades de
las obligaciones que no gustan ero que hay que hacerlas porque de eso dependen
los platos de todo, las resacas continuaban en las noches de farra así fueran
los lunes o martes no había que perdonarles a las semanas que para el caso la
muerte llega más rápido de lo que a veces se esperaba, las resacas duraban rodo
lo que tenían que durar para que ellos quedaran en ruinas, tempranas también.

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