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Wednesday, November 04, 2015

Programas rima anagramas.


Como rituales nos salían las mañanas y las tardes de feriados las cosas que hacíamos, como meticulosas ceremonias de asuntos de amigos de toda la vida como intrusos subidos en troncos de moreras buscando de hacer nuestras casitas allá donde no llegaban los retos de los que nos retaban seguido, buscando el entretenimiento del día largo día que nos reparaba un porvenir que ni imaginábamos y que alguna vez llegaría con los pantalones largos y las voces gruesas, adonde íbamos adónde nos quedábamos, las tardes y las nochecitas de los días no laborables de huelgas de los obreros o levantadas en el campo, nos salían las agendas aunque desordenadas sin que supiéramos que esas eran agendas porque qué podíamos conocer de agendas si lo único que nos interesaba era colarnos como podíamos colgándonos a la carrera siguiendo las velocidades de la serpientes sobre rieles como el gusano del circo de sibalero que le daba el maquinista a esa mole de hierro a cada palazo de leña que el ayudante metía en el horno de la locomotora donde las maderas chisporroteaban y explotaban como cohetes y como arcos iris que aparecían pero desaparecían con la misma rapidez, en las chorbas del devouville que entraba al corazón de los surcos con sus chorbas vacías que salían después rebalsando de paquetes de caña que se llevaban a los trapiches en los canchones del ingenio, para quedarnos por ahí en los círculos que dejaban los propios cosecheros en medio de los mares de cañas verdes y amarillas, y donde nos sentábamos a contar nos sentábamos a escuchar los cuentos del familiar y de gume, y otros se sentaban a escucharnos que ese día bajábamos de la loma y nos quedábamos a media tarde alrededor de la casa de piedra siempre que el chacarero no nos viera, como anagramas de los tome y daca de lo que nos gustaba de los que nos asustaba.


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