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Sunday, October 18, 2015

Derechos rima despechos.


Nadie mosqueaba en las siestas del viejo ni nadie se animaba a decir esta boca es mía mientras él llevaba adelante la ceremonia diaria de quitarse de encima el letargo el lastre pesado de las siestas de cuarenta y ocho grados a la sombra que se dormía en los intervalos que se daban en ese trabajo de maestro mayor de obras empleado por la empresa para que hiciera de supervisor de obras menores que no le gustaban y por eso refunfuñaba, y le echaba la culpa a dios que no se acordaba de él que no se acordaba de dios como le había dicho el cura de chico cuando le enseñara catecismo con la misa de los domingos y las comuniones y a los jefes y al que tenía cerca, a cualquiera le decía mientras se lavaba la cara con agua fría para terminar de despertarse que se le estaba pasando la vida y que estos hijo de puta no le reconocían sus capacidades ni sus sacrificios y que premiaban a los vagos y chupamedias que pululaban por todos los rincones del ingenio, nadie hacía movimientos muy comprometidos ante la amenaza que si los había lo mínimo que se venía era una recontra re mil puteada si no eran sus amenazas repetidas de abandonar para siempre el barco de la familia y dejarla a la vieja a la deriva en el mar de quilombos y pasar con el sueldo de su laburo de maestra de grado manteniendo a tres malcriados que no agradecían lo que tenían y a ver si le daba el cuero con esos sueldo de mierda que le pagaba la provincia con todo el sacrificio que hacía, nadie se animaba a parársele menos el del medio que siempre se le plantaba y le decía que en vez de andar renegando que haría muy bien de dejarse un poco de joder porque las siestas serían pesadas para él pero también para todos los demás que a cualquiera le hacía un calor de órdagos con semejante temperatura, que no se ande despreciándolos a puro despechos porque cualquier se levanta con el culo revuelto de la siesta aletargado y él no tiene la coronita.


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