Ahogadas entre las cuatro paredes
de los cuchitriles pasaban pacientes algunas quedaban calientes otras quedaban
extenuadas, después de los traqueteos de los sábados cuando las calles
estrechas de las cuatro cuadras del bajo se atestaban de borrachines amistosos
buscando compañía por veinte guitas en las chicas que los esperaban medio
vestidas y entusiasmadas, después de dos días que no tenían respiro que las
chicas no daban abasto llegaban los relajamientos de unos y de otros en esos
días, venían los letargos de los domingos que comenzaban a las cinco de la
mañana con las chicas con ropa de entrecasa y chancletas limpiando como se
podía con agua y lavandina y a las apuradas los cuartuchos que apestaban a sexo
para acostarse a dormir un poco antes de la dos de la tarde cuando los
rezagados todavía con la resaca llegaban con sus demanda de última hora, ahí de
nuevo ellas con sus soleras de lentejuelas y escotes amplios los esperaban, a
ellos que deambulando como sonámbulos buscando las puertas de las que
nuevamente se abrían para que ellos pudieran sacarse las ganas y ellas tuvieran
sus pesitos extra que cuando los tenían les servían para cubrirles a los
cafisho los alquileres de otra semana, llegaban las modorras de esos días
vacíos que quedaban entre las jodas y las rutinas que comenzaban con las
semanas cuando más se despoblaban esas calles de aprontes y picardías, hasta
los viernes cuando volvían.

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