Por ponerse en bolas no más y
dejar que algunas viejas de calentonas calientes o de borrachas o algunas
treintañeras en proyectos de pajeras nomás le metieran las manos por sus partes
más pudendas apenas disimuladas o no disimuladas con taparrabos de sedas que
desbordaban de billetes de diez veinte o cincuenta pesos mezclado con gotas del
esperma que de a poco le humedecía los calzones, por nada más que eso comenzó a
irse en las primeras noches con lo que era la mitad del salario que cobraba por
mes en la legislatura por andar de sirviente de algunos de esos diputados o senadores
que llegaban por unos años para levantar las manos por su partido, como el
padrino que lo puso en esa cuando le consiguió el puestito le hablaba de su
carrera y de la herencia que podría dejarle a él para que llevara en el tiempo
el prestigio de una familia entera entregada a la virtuosa tarea de servir al
pueblo, una noche la mitad de un mes además por una tarea que le gustaba que
era más divertida que las tareas de chupar las medias a varios en el congreso
más degradante que chupar el cuerpo de una veterana fea, porque después de las
primeras veces de esos striptease se enganchaba algún bicho que lo contrataba
solamente para que la fornicara todas las veces que pudiera entre las cuatro y
las ocho de la mañana de cualquier sábado domingo o lunes que eran los días que
trabajaba si no salían por su celular trabajos extras cualquier día de la semana,
por ponerse en bolas nomás y tener un poco de discreción con las señorías y las
gerentes que pasaban por sus servicios varones o mujeres creciditos o pendejos
lo que pagaran por esa bicoca que era unas cuantas veces más el neto a pagar de
los sucios recibos de sueldo que cada mes buscaba en las oficinas de relaciones
humanas aunque su mujer le hablaba de desprestigios o de lo que enaltece de ser
pobre pero honrado como si siendo rico siempre se fuera eso.

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