Parvas de libros quemaban los
milicos después de las doce de la noche libros que afanaban en las bibliotecas
municipales de las comunas del ingenio donde arrasaban no solamente con los
libros sino también con los negros que ellos decían que era cualquiera que se
le ocurriera reclamar por alguna cosa como un iracundo cualquiera quejándose
del sueldo o de las cargas de los turnos, como decían los comandantes además de
los chupamedias y buchones cholulos del pueblo, entregadores que aparecían con
eso que por algo será que los persiguen que se los llevan en algo tienen que
estaban prendidos con la guerrilla apátrida, parvas de libros armaban las
hogueras y otros escritos que sacaban de las bibliotecas de la Dorrego y de la
Wolman preguntándose quiénes habrán sido las maestras pícaras y subversivas que
los camuflaron en estantes que nadie controlaba en medio de atlas inofensivos y
las fábulas de Esopo los cuentos de caperucita o los de los hermanos Green,
pilas de libros sin selecciones que tiraban en las piras que armaban en la banquina
de los caminos donde dejaban sus vehículos para que parecieran los vehículos de
la empresa que en las zafras andaban de noche y de día por las serranías
transportando pañoles y supervisores que
controlaban las cosechas, pilas de libros donde tiene que haber estado
el matadero de Echeverría que para ellos sería subversión como la misma que
ellos combatían con el operativo independencia, curando en sano atacando los
síntomas que curarían las enfermedades se arrancarían de raíz los
inconvenientes se sacaría la manzana podrida del cajón de esas verdulerías,
como esas de creer en las igualdades del comunismo que u no son igualdades
porque entre ellos también hay fiolos viviendo de los infelices que ponen el
lomo todo el día, pilas de libros de escritos de papeles quemaban como
cristianos que agarraban, lo que no quemaban eran las memorias de los libertos
que se les escapaban.

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