Tiempos pasados fueron mejores
cuando la escuela seguía siendo escuela en la casa y los niños estudiaban sin
chistar y sin ser atrevidos porque si no el papá ponía el grito en el cielo y sonaba el escarmiento
como decía el general antes de que los corrieran, persecuta le agarró a la
vieja cuando un día frente al espejo se encontró con los primeros atisbos de
esos bigotes que se habían comenzado a dibujar prolijamente encima en el borde
de sus labios sensuales y carnosos en la versión del viejo que además la
agarraba siempre en penumbras a sí que qué podía decir de eso como para
consolarla por lo menos una vez de todas las veces que la puteaba por cualquier
cosa ni enterado del drama de la pobre de su mujer que venía lidiando con todo
desde mucho tiempo atrás, con los vellos y los pendejos que delataban los años que
se tenían como si fueran la misma Nicéfora y el mismo don Giovanni que sacaban
el cuero en forma inclemente a cualquiera que se les cruzara en el camino o se
subían a la primera opinión que pescaban, persecuta le agarró a la vieja porque
además de los bigotes comenzaron a crecer con mucha fuerza los pelos de las
axilas y de las piernas que Blanca veía los fines de semana que la agarraban
más o menos desocupada porque las otras capaz que no comían pero iban y pagaban
fortunas por el tiempo de esa peluquera comedida que abría a las diez de la
mañana y eran las diez de la noche y seguía firme armando y desarmando peinados
milagros hacía la gorda para que ellas hicieran entradas apoteóticas en el club
recreativo los sábados a la noche, persecuta le agarró a la vieja porque con
todos sus años sabía que era la comidilla del pueblo más que nada de los amigos
de sus niños que seguro la habrán comenzado a llamar vieja bigotuda en vez de
vieja de mierda.

No comments:
Post a Comment