Cada tanto ellos se recogen de
sus labores y se tiran el ropero encima de sus mejores galas cada dos por tres compran
cohetes y buscapiés y estrellitas, y tiran las casas por la ventana no se
quedan a vestir santos sino que directamente en la asunción o en el día que
crean ellos porque tienen que golpearse el pecho los visten y se los llevan a
las parroquias para que los curitas los bendigan, después de haber entregado
sus cosechas a los vivos que vienen de
las ciudades a precios que a ellos no les importan, nada más y es así nomás
cada tanto las galas y las ushutas estas son cosas más importantes que el poco
de producción que se salva del trueque, los ponchos y los gorritos con orejeras
porque el sol parte la tierra de mañana y en las noches se viene el viento y e
fresquete, nada más hay nada más que el silencio hay con los chismes porque
llegan los momentos de los recogimientos los tiempos de los rezos, nada más que
esos altares de cada familia un altar por familia con un par de palos cruzados
para el traslado de esas santidades, con cintas y oropeles de sedas y géneros vistosos cortados en flecos que
tienen los santitos y las santitas igual que ellos con sus fajas y las mantas
con las que llevan a las guaguas, esos benditos que ayudan con las cosechas
cuando las plantaciones se ponen mustias porque el tata dios no baja el agua
del cielo, camuflados con los cactus desdibujados en el paisaje de la quebrada
con sus cajas y quenas por caminos polvorientos de polvos multicolores, cuando
llega el día de la virgencita en la quebrada los coyas se descuelgan de los
cerros de todos los colores, bajan en sus procesiones con sus ropajes y sus
adornos como corresponde para adorar a la señora madre del carpintero
confundidos con la tierra, van con sus misachicos hasta que llega el tiempo de
la pachamama entonces se vuelven con sus diablillos.

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