No son los pecados lo que en sí
interesan sino las circunstancias que se aprovechan si se dan para cometer los
pecados que pueden ser veniales o mortales eso depende de la circunstancia y de
lo que se converse en los confesionarios con el curita que siempre lo terminan
hablando las mujeres más que los varones por eso ellos las mandan a ellas
cuando hay que pedirle exculpaciones, la ocasión no hace al monje dicen las
viejas con lenguas de arpías porque no es cuestión de hacerse el santo y
después andar de endiabladas y bendecir con las mismas manos con las que se
anda manoseando a las hembras que se prestan, andar disfrazado de civil no
representa nada porque así se pasa desapercibido, y trescientos quilómetros es
lo mismo que tres mil quilómetros con un cero de menos que de cualquier manera son
muchos y son distancias importantes como para que nadie se preocupe de
identificaciones molestas de chismerío barato de andar metiéndose con la vida
del prójimo menos con la del cura Martínez que tiene una vida ejemplar mientras
camina por las calles del ingenio con la misma sotana los inviernos y los
veranos, en esas tardes en esas noches de compunciones donde sí que el hábito
hace al monje cuando tiene que bautizar los sábados ahí cuando se acuerdan de
ir a tocarle las puertas de su parroquia cuando tiene que aguantarse además de
las indicaciones de los padrinos que hay que andar haciendo poses para las
fotos y otras veces las extremaunciones y trescientos quilómetros son muchos
más de los que separan al pueblo de fraile pintado donde también atiende ahí la
parroquia con la ayuda de algunos fieles que se ocupan de lavarle la cara más
que todo del polvo que se levanta porque está en calle de tierra y entonces
cuando pasan los vehículos por más que se riegue enchastran todo, muchos
quilómetros son los suficientes como para tomarse el Atahualpa vestido de civil
y en colores discretos marrones o negros que hacen que nadie lo mire el curita que
se va fin de semana por medio a ver la familia que tiene en la capital el
celibato nunca fue su fuerte pero qué se puede hacer con lo que dicen las
encíclicas que no tienen en cuenta nunca las debilidades puras declaraciones
nomás que no sirven para nada.

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