Cuando ellas se animaron ellos
recularon justo al revés de cuando ellos quisieron y ellas se negaron como si
fueran doncellas inmaculadas dignas de otros príncipes y comedidos que siempre
rondaban los asaltos y los boliches como el del gringo donde los sábados a la
noche tiraban la casa por la ventana con la banda del flaco Cuello, fue cosa de
animarse no más y las chicas se tiraron encima no necesitaron nada para
excitarse y pedían dos por tres lo que los chicos le daban cuando se distraían
de sus juegos en la carrereas de kartings armados alrededor del playón del
almacén grande, les pedían lo que se veía que necesitaban que eran más manos y
manoseos que lo otro de lo que ni sabían ellos o ellas que apenas eran niños
haciéndose los mayorcitos por lo que veían de los abrazos y besos de las
parejas más animadas, ellas se calzaban sus minifaldas y sus blusas ajustadas animadas
provocativas y se paraban incitantes a mirarlos en sus juegos como si de golpe
los hubieran descubierto cuando siempre estuvieron distraídas por ahí mientras
ellas les presumían a los más grandes que les tienen que haber pedido muchas
cosas como para que volvieran a buscarlos a ellos que lo único que hacían era
imaginar más de los que veían detrás de esas polleras debajo de esas blusas
esos pechos que explotaban, fue cosa de animarse comenzando con unos pocos
roces de las manos en las selectas que después como si estuvieran distraídas se
convirtieron en dejos para caricias que se interrumpían sobre sus piernas o sus
sexos con manos y brazos apenas resistiendo los avances de ellos que cuando
tomaron confianza ya querían eso que ni sabían, bastaron esos gestos para que
ellas se mostraran como eran que querían también tocar y conocer aquello que
como ellos conocían solamente en las conversaciones de inocentes criaturas, en
lo que veían y escuchaban de los otros que en sus tonos tampoco sabían muy bien
de qué se trataba.

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