Las primeras veces que
aparecieron en la luz roja las chicas se pusieron contentas de ver la cantidad
de mancebos todos juntos con muchas ganas de tocarlas y que se les paraba a
cada rato aunque fuera mirando solamente entonces cuando ellas metían manos
encontraban esos bultos firmes como un palo y les encantaba, padrillos con
muchas energías y las billeteras flacas como las flacas de las puchero que ellos
se arrinconaban en los atardeceres uno tras otro en filas para garchárselas en
segundos a la altura del embudo, ellas se pusieron contentas porque ellos les mitigaban la noches en
medio de viejos borrachos y también toquetones tangos pegajosos y cumbias
tristezas que entristecían hasta las lágrimas, viejos de mierda que además
sabían dónde ponían las manos y entonces a ellas les daban ganas que era todo
los contrario a las recomendaciones que les daban cuando empezaban con el
oficio que no tenían que entrar en confianza con los clientes, las primeras
veces que aparecieron ellos ellas se sintieron rebosantes como si hubieran
vuelto a nacer de nuevo en medio de esas pestilencias a wiskis orines y flujos
de varones y mujeres que salían de los baños que estaban a los costados de las
pistas pero los que no se pusieron contentos fueron los fiolos que las
regenteaban porque además de celosos no dejaban ganancias y ellos no podían
andar perdiendo sus tiempos, las últimas veces que aparecieron en la luz roja
ellos ya estaban creciditos y más viejos con menos energías aunque las
billeteras engrosadas con billetes y tarjetas de todos los colores, entonces
las chicas sintieron revulsiones y los cafishos rebosantes de alegría porque
gastaban en tragos más de lo que gastaban en polvos, aunque mañeros como
siempre cuando preguntaban por las chicas pérfidas astutas que preferían, con unos años y unas panzas de màs pedían a las más
jovencitas no como antes cuando eran más niños que buscaban las veteranas.

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