Al final las entelequias las
construcciones propias de la aldea en esas insistencias por distinguir pobres
de ricos tiene explicaciones que son distintas a las explicaciones aparentes a
las que dan la pobreza o la riqueza y van cayendo inexorablemente a los
estigmas de la codicia las apetencias las concupiscencias la soberbia y todas
las expresiones más deleznables de la decadente condición humana, conductas
execrables que se niegan pero son el leitmotiv de cualquiera más o menos
abierto a la autocrítica, sino no así no se explica a los ricos comprando en
supermercados de pobres al por mayor agotando las existencias para infelices
que tienen hasta esta mala suerte que cuando llegan no hay mercaderías en
góndolas porque se las llevaron los agrandados que además hacen un despliegue y
ostentación de tarjetas de oro y Premium a las hora en que pagan, si no así no
se explica a los pobres sacrificando sus jornadas y el tiempo libre comprando
los servicios en colegios de ricos agotando los bancos vacantes para infelices
que tienen hasta esa mala suerte que cuando llegan no hay vacantes y entonces
se denigran llevando a sus proles a colegios de pobres, desviaciones que los
que lo quieren hace lo explican con las libertades en los mercados donde las
oportunidades están desplegadas para que las aproveche cualquiera que las
libertades generan potestades, derechos y yerbas parecidas, naderías, porque al
final por la plata bailan los monos los ricos y los pobres.

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