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Sunday, August 30, 2015

Dichos rima hechos.


Donde ponía el ojo ponía la bala el patroncito con las yutas de buenas tetas y caderas en líneas no le importaba nada y las agarraba en cualquier lugar y a cualquier hora de parado de sentado recostándolas en algún rincón del gran casco de la estancia, y al cabo de unos meses aparecían engrosadas y a nadie se le ocurría preguntar de dónde ni hablar del tema no fuera cosa que pusiera el grito en el cielo y se enojara y dejara de pagar los jornales de los hermanos de los maridos o las proles que trabajaban con eso cada uno en las tareas que él les asignaba enseñándoles cómo tenían que hacerlas y los buenos modales él siempre los aleccionaba de cómo tenían que hacer para tener lo que él les decía era una vida decente, que le iban a hacer si además era bueno y generoso y se hacía cargo de las guaguas que venían además con un pan bajo el brazo, eso decía cuando se tomaba unos vinos de más en los asaditos abundantes de los descansos largos les repetía haz los que yo diga no lo que yo haga leguleyo era cuando se ponía cargoso y pintaba el viejo la arenga en el letargo de las siestas en la finca donde regenteaba una docena de peones desde tiempos inmemoriales, eso era sus herencia familiar y la venía defendiendo con uñas y dientes de hermanos y primos que como aves de rapiña revoloteaban por los legados del abuelo, él les hablaba así, de la misma manera que les hablaba el curita que caía una vez por semana rezando y aleccionando de resignaciones y del pan de cada día, bendiciendo a las criaturas que al cabo llegaban sin preguntar el curita sobre las cochinadas que se hacían en las proliferaciones, del patroncito que se montaba a las hembras de la estancia así fueran hembras de otros machos que con él trabajaban en la cosecha sin ser de su ralea.


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