No es que las historias se
acaben, los cuentos las leyendas que empiezan mal y terminan bien incluso
aquellas que empiezan bien y terminan mal, no es que las historias pasan a la
historia a ser supersticiones sin sustentos que ya no nos sirven, historias que
rechazamos como con nauseas porque no son nuestras historias que cuanto más
viejas nos van pareciendo más las sostenemos, buenas fábulas porque el tiempo
sirve para que mezclemos lo que pasó con lo que imaginamos que pasó en las
nebulosas de un tiempo que justamente mezclamos por propias iniciativas por
propias ganas de contar lo que suponemos los otros esperan que contemos, nos
parecen que se fueron que se van que se están yendo pero las historias están
ahí las mismas que nos sorprendieron cuando no supimos nada de ellas cuando nos
iniciamos, y si vivimos pues ahí estamos para mantenerlas en el tapete, claro
que tenemos que entender que con el tiempo más nos estamos yendo que llegando a
diferencia de nuestros cristianos hermanos en el género entre los que hay de
todo incluidos los que están más llegando que partiendo, no es que las
historias las nuestras las de los otros las buenas y las malas ya no sean lo
son y tenemos que aprender a descubrirlas para lo que necesitamos esfuerzos y tenacidades
porque por lo menos algunos fuimos criados en ámbitos donde nos enseñaron a
colgar los guantes antes que se acabaran las peleas, hasta los esqueletos entre
nosotros están armados a esos efectos como los bastidores que se arman en
rechazos vedados a los que tienen capacidades diferentes, pero las
claudicaciones o dar las batallas para no perder la historia las historias y la
memoria están en nosotros no en ellos que si piensan diferente allá ellos.

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