Fanfarroneaba el nene con sus
épocas de gloria en la liga nacional de básquet cuando tomaron la punta en el
campeonato con el equipo de la madre de las ciudades y le ganaron a equipos
fuertes de la capital federal o del jardín de la república que tenía unos
lungos que eran tan altos como el misionero de dos diez, le entraban nostalgias
tardías de esos días de mozo y de joda cuando chupaba todo el día y entraba
como si nada a la cancha punteado pero bien parado le entraban angustias, decía
siempre que esos eran más altos que ellos pero que les ganaban en habilidades
decía que era preferible ser chiquititos y habilidosos que grandotes y tontos
repetía con el doble sentido que las chicas que hacían de interlocutores le
pescaban al vuelo y se sonrojaban porque se les cruzaban guasadas por las
cabezas, fanfarroneaba con eso que había sido convocado al seleccionado
nacional al partido que tuvieron con los cubanos cuando disputaron un
campeonato del mundo como en el treinta y cinco que no ganaron porque fue en la
isla y tenían toda la hinchada propia pro que estuvieron ahí nomás, iba y
volvía el nene de sus jugosas anécdotas mientras los demás lo escuchaban
campaneando con el hielo en sus vasos cargados en noches empalagosas de licores
y ginebras en la luz roja, y terminaba con los ojos incrustados de lágrimas por
esos cuentos añejos, hacía añares que esas glorias habían pasado pero las tenía
presente como también que él comía de los seguros que vendía, fanfarroneaba el
nene con su historias y hacía cerrar el quilombo para que sus invitados
estuvieran tranquilos con las chicas a sus enteras disposiciones, ese era el
premio que pagaba de sus propios viáticos pero estaba tranquilo, al otro día
salían las pólizas como empanadas del horno de barro, a montones calentitas y con
las primas cargadas, facturaba el nene fortunas.

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