Escapaban de las modorras de
viejos renegones preocupados en conciliar los sueños en siestas que buscaban
desesperados antes de volver a la fábrica a las cuatro de la tarde para yuguear
como obreros o empleados que eran de la empresa, escapaban de eso poco más poco
menos todos los niños todos por igual en la punta de la avenida donde estaban
sus casas lidiaban con eso de sacudirse los polvos de los infiernos parecidos
que les llegaban en esas horas donde los únicos que tenían ganas de dormir eran
los progenitores porque si fuera por ellos rajaban a sus cuitas a tardes de
futbol a carreras de karting paseos en bicicletas o lo que inventaran que los
hacia olvidar rápido de los retos de las impostaciones de las cachetadas a
veces los mechoneados con los que les enseñaban a saludar a decir gracias y a
decir provecho, cuando apenas comenzaban a hilvanar sus sueños los niños
discurrían en sus días en camorras pasajeras broncas apenas insinuadas en esas
disputas que comenzaban a la vera de los faroles de bronces que en hilera
iluminaban la punta del el bulevar en las noches cuando ellos ya no estaban,
debajo de los lapachos que también estaban en hilera, ahí se hacían sus
acuerdos para recorrer esa rayuela que los llevaba derecho a cielos distintos
donde se olvidaban aunque fuera por ratos de las presiones de los viejos que
daban y temaban con eso de borrarse justo cuando ellos empezaban con sus
juegos.

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