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Saturday, June 27, 2015

Noche rima día.



En las noches un bulevar de lucecitas mortecinas pero brillantes indicaban el camino claramente muchos bulevares calles más estrechas huellas caminadas, alumbrando los aprontes circulares de los candidatos a entrar cada noche, muchos dando vueltas y unos pocos que se animaban de acuerdo al tamaño de billeteras que dependiendo del momento del mes en que se estuviera estaban más llenas o más vacías, fisgones que caminando en motos o en auto iban y venían de la avenida que llevaba hasta la casa remodelada que oficiaba de guarida, apenas por el ocaso cuando se ocultaba el febo en el horizonte colonias de varones y machos en grupos agazapados andaban como a la caza, infaltables postulantes merodeaban buscando o dejando a las chicas que entraban y salían entre la ocho y las nueve, es que más que farolas opacas la de esos reflectores del alumbrado público estaban ahí a expensas de la arboleda más o menos tupida según la época del año con su follaje echando sombra sobre los brillos de tres lámparas cruzadas en cada una de las cuadras que llevaban como al final del pueblo, ahí y así aparecía como por arte de magia la luz roja al final de esa hilera de brillos de bruma o de niebla, ahí y así brillaba la fachada como si por arte de magia en medio del paisaje urbano emergiera despampanante, la luz roja era visible tres cuadras a la redonda, mucho antes de esos tramos un par de avenidas y media docena de cuadras también marcaban los caminos para llegar a esa casa que en la entrada quedaba alumbraba con un foco de cien voltios del color de la sangre y de la orgía que, maravillosamente, así como en los atardeceres de a poco brillaba como las puertas del infierno en los amaneceres se apagaba con las primeras rondas de la cana que pasaba por sus coimas y a repetir que la joda se dejara para el otro día.


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