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Wednesday, June 17, 2015

Descansos rima esclavitudes.



Con la pizca de lucidez que les volvía los treinta de abril en los atardeceres, cuando ellos retornaban de sus jornadas después de yuguear como negros y esclavos encima de los camiones mezcladores que iban y venían de las obras un día tras otro todos los días, encima de renegar en sus casas cuando volvían o pasaban con las mujeres que se quejaban que tenían que lidiar con los chicos por su cuenta, en las salud como en la enfermedad en la riqueza como en la pobreza, con las ganas que les quedaba después de eso que era peor que los pedos en serio que se alzaban en ese día, porque eran locuras del día a día que había que digerir y que había que acomodar para no entrar en delirios ni discusiones ni grescas pesadas, con el ánimo por el piso comenzaban los preparativos para mamarse en serio en las horas que quedaban hasta el primero a las tres de la tarde, esos eran los tiempos que les corrían así que con la anuencia del patrón aprovechaban la noche de la víspera para los acopios de damajuanas y las medias reses las cabezas guateadas que sobaban para tirar al asador entre las once y las doce de la mañana de cada primero de mayo cuando caían los demás y ellos ya estaban con el vino y la cerveza puestos sobre sus panzas saturadas y sus ojos incrustados en lagrimales colorados, hipando pero felices porque les sobraban los tiempos en ese tiempo de un día de todos los demás días del año para los agasajos que se hacían donde no faltaban las palabras los discursos de agradecimientos al general que lo inventó y al patrón generoso que pagaba toda la joda, era lo menos que esperaban del patrón que después los días que pasaban a sus servicios les exigía que se pusieran con sus horas y que no se anduvieran quejando como mujercitas que había que trabajar para forjarse un futuro, así descansaban y se dormían como a las tres de la tarde y caían en el rincón donde el sueños definitivamente los vencían,  justo cuando comenzaban a llegar los guitarreros y los músicos que también caían escabiados después de las celebraciones de otras celebraciones de otros trabajadores en otros lados, ese era el único día porque a la madrugada del dos con pedo o sin pedo con los delirios o sin los delirios ni las alucinaciones de ganarse la tómbola de todos los días volvían con el traste al camión a comenzar de nuevo.



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