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Sunday, May 24, 2015

Cielos rima purgatorios.


Con muy poco las hacía entrar en estados de letargos fácilmente en limbos imaginarios debajo de las inmensas secadoras de pelo que les ponía después de hacerles tratamientos con pociones de yuyos especiales con lociones y cremas que costaban una fortuna pero que de todos modos pagaban como pegaban en sus bellezas artificiales que cuidaban por unos días cuando volvían a sus casas, con muy poco ellas entraban en paraísos soñándose por un par de horas ser reinas en sus propios reinos sin reyes ni cortesanos imaginarios que ella les alimentaba siguiéndole la corriente de sus historias en las que amenazaban los ojos cerrados y recostadas en los mullidos sillones apostaban a nadie o a fantasmas que verían, soñaban con independencias repentinas de las cadenas domésticas, que las ataban a maridos renegones a hijos caprichosos y encaprichados a ollas incrustadas de grasa y de costras de restos de comida que las fregadas no sacaban así porfiaran horas enteras, levitadas y rociadas sus cabelleras con los spray más nuevos y sin acusar las molestias de las depilaciones dolorosas con cera hirviendo en piernas en axilas y en los rincones donde indicaran, les llevaba unos días a las damas de rosa llegar con las acicaladas que ellas querían y además podían pagar, con puntualidades llegar a  las fiestas patronales, todas se amontonaban pidiendo sus turnos a Doña Blanca que era la mejor de la media docena de peluqueras que había en el ingenio la que más las comprendía, la que con más discreción las mimaba y con paciencia para sacar esos bellos que se insinuaban como bigotitos finos debajo de sus narices finas también para emparejar las cejas y trabajarles las pestañas, les llevaba unos días de preparaciones llegar con todos esos arreglos a las fiestas patronales, a las destacadas damas de rosa que en ese día juntaban todas sus viejas pertenencias para armar sus caridades y repartían entre los que menos tenían, vestidos y alimentos no perecederos ropita de bebé juguetes recuperados para los coyitas que entraban a los surcos colgados a las espaldas de sus madres que lomeaban todos el día, les costaba un Perú llegar todas arregladas porque en esos días justamente cuando terminaban con la procesión de las siete de la tarde y la solemne misa que le seguía donde todas comulgaban después de confesarse con el cura Keyner que  con unos pocos padrenuestros y unos pocos avemarías ya las hacía sentir bien para el año que venía seguro el curita que las tilingas que las tilingas que lo ayudaban en las colectas al día siguiente después de tanto recogimiento al otros día estaban listas para hacer sus cochinadas.




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