Unos santos y los otros miserables andaban confundidos los unos con los otros y entonces confundían,
el tema estaba en distinguirlos quiénes eran qué o cuáles eran quiénes porque
los santos eran más miserables que santos y los miserables eran más santos que
miserables en esos líos que se armaron los enojados de tanto refunfuñar contra
la libertad que decían que era qué o cómo que era libertinaje y que decían que
solamente los militares ponen orden en lo que está desordenado de tanto
melodrama de diarios y trascendidos lograron que los otros llegaran y armaran
los líos que armaron más los que armamos todos ellos con armas y los vecinos delirantes
desamparados, habrá sido eso que no llegaste a entender ese costado de tilingos
que tenemos todos que somos como el camaleón cambiando de colores pero no para
apartarnos sino para apalearnos, que nos mostramos las uñas hasta por ahí no más nos hacemos los gallitos, que tenemos que
mostramos que somos todo unos santos cuando somos bastante miserables, habrá
sido eso cuando comenzaste a ver que las cosas de este mundo no estaban tan
acomodadas como parecían estar en casa puertas para adentro aunque también adentro
había quilombos hartos quilombos que ellos los que nos criaron decían que eran
trapitos que había que lavar en casa pero que a veces eran repasadores
mugrientos que quedaban en los rincones hasta percudirse y entonces para afuera
de las fronteras eran todas sonrisas y para adentro un montón de cosas
irresueltas, y no tuviste o el coraje o qué puta necesitaste para ponerla en
vereda a ese proyecto de bruja de tu mujer a sus amigos a los que frecuentaste
por esos días y que podían reprocharte qué si eras apenas un niño o porqué en
medio de un infierno de familiares peleando por debajo de la mesa porque además
para la foto se arremolinaban alrededor de la parejita con sus sonrisas de los
mejores cinismos para que Carlitos congelara esos momentos de mierda, esa misma
mina que habrá creído tener todas las razones que te habrá martirizado diciendo
que ella estaba del lado de los buenos y vos no solamente vos todo el ejército
de tu parentela del lado de los bandidos, habrá sido eso que habrás tenido que
escuchar diatribas y argumentos de esos comunes donde los otros son los
campeones de la vida y de ahí para debajo de todo los demás resaca y te habrás
quedado callado sin poder gritarle que se fuera a la reputísima madre que la
parió que esas son partes de una película que hay que mirar entera, por ahí por
esos días que nadie sabía muy bien quiénes eran los malos y quiénes los buenos o
cuándo porque de verdad no se los distinguía porque los zurdos peleaban en la
clandestinidad mientras los milicos que lo hacían en la superficie se cagaron
pasando por las armas a inocentes que eran entregados por los mismos hermanos o
parroquianos que creían que con eso se salvaban, pobres infelices que
terminaron entrampados.

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