Cómo saber lo que nunca sabrían
cómo saber lo que les llegaba a las chicas de todo lo que les daban lo que a
ellas les producía algo más de las pasividades que mostraban dejando que les
tocaran una teta o apoyaran las manos en sus nalgas frías en los cuartuchos de
la luz roja el quilombo del pueblo, lo que les gustaba en esos cuartos donde se
encerraban con cada uno de los que en las noches pagaban para hacer las cosas
que se hacían puertas adentro, cómo saber del talante con el que quedaban
después de las eyaculaciones con premuras en esos minutos contados como la
plata o los billetes que pagaban el servicio de sacudirse encima de sus cuerpos
transpirados y cansados de trajines nocturnos en sus despachos noctámbulos esos
billetes arrugados hechos unos bollos que quedaban en las mesitas de luz al
lado de las camas, cómo saberlo en esas penumbras donde todo era rojo los
ambientes el arco de la entrada las pocilgas las caras los vestidos ajustados a
pesos excedidos, donde todo era rojo menos en los pasillos en los baños
apestosos con olores a orines contaminados de espermas y gonorreas escondidas,
cómo saber de las milongas las cumbias en el winco que quedaba abandonado
cuando todas las chicas estaban ocupadas y quedaba a cargo de la caja y de la
atención el hombrecito de confianza, cómo saber lo que no sabían lo que nunca
sabrían en esas penumbras que de rojas pasaban a negras en los pasillos que
llevaban a los cuartos que olían a flujos de mujeres y de hombres transpirados que
se aseaban en palanganas con aguas estancadas que también servían en las
higienizaciones que les hacían a los hombres después que terminaban en esos
amores en esos sexos comprados por chauchas que ellos conseguían de las
vituallas de los padres que trabajaban y querían que ellos finalmente se
hicieran hombrecitos además del pantalón largo y de la fumatas autorizadas,
cómo saber lo que nunca sabrían de esas mujeres sin rostros semidesnudas que
quedaban en los bordes de los pasillos después de las copas de la noche que
eran también a cargo de los hombres que pagaban por esto y los servicios de las
chicas que se hacían comedidas a medida que veían más billetes y se ponían a
menos y también histéricas si no los veían, cómo saber los que nunca sabrían de
ellas, ellos que ni sabían de ellos mismos negros como sus sombras como ellas eran
rojas como sus sombras, infiernos puros.

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