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Monday, April 06, 2015

Entusiasmos rima tristeza.



Todos los santos días las mismas rutinas de abrir los picaportes de las cuatro puertas inmensas del galpón que usaban para las ventas y también como vivienda, para correr las aldabas de las puertas internas para ventilar los ambientes donde se mezclaban los tufos propios con los olores del maíz triturado de las harinas de distintas calidades de las especies y los salames colgados para evitar que les llegaran las ratas y las cucarachas en las noches, las mismas rutinas de correr los pasadores de ventanas con cortinas inmundas y olvidadas para que entrara el aire y amortiguara la mezcla de los tufillos que ellos conocían de años, las mismas mañas de acomodar la mercadería en bolsas de arpillera que eran el sello que ellos mismos eran buenos compradores al por mayor y por eso tenían buenos precios, las misma rutinas en los inviernos y en los veranos de trabajar desde las cuatro de la mañana hasta las ocho de la noche, nadie les ganaba, ellos eran los mejores de todos los alrededores ahí estaban al pié del cañón cada día de cada jornada de cada mes de cada año que trabajaban, toda la vida los gallegos del Hogar Feliz laburaron de sol a sol para que las familias del pueblo tuvieran sus alimentos y vestimentas en tiempo y forma les decía el perito contable que tenían y les llevaba las conciliaciones para demostrarle que era leído, las conciliaciones de todas las cuentas corrientes abiertas en registros de las libretas de tapas de hule negro donde ellos anotaban lo que entregaban cuando se acordaban porque mientras tanto no daban abasto para atender a los clientes que se triplicaban cuando comenzaban las zafras y se mantenían durante los recesos porque cada vez más collas se afincaban por los alrededores, las mismas costumbres de entusiasmos que no se interrumpieron hasta que llegaron los distribuidores grandes los negociadores de corbata y los supermercados que organizaban otras compraventas, ahí los gallegos cambiaron y se pusieron tan tristes que vendieron hasta la chata con la que repartían los sifones de vidrio y las famosas chinchibilas.


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