El niño como cualquiera ni vio
venir la que se le venía, de repente ese día algo había cambiado de un momento
para otro en la calidez de sus días de niño con padre y madre, de borrego
caprichoso aunque obediente que no berreaba demasiado con sus primeras
obligaciones de ir a la escuela y de portarse bien con las maestras, siempre
había un premio o un castigo, temprano en la mañana vio que sus congéneres no
andaban como todos los días, malo, raro, y que la niñera exageraba con los
mimos que le prodigaba mientras iba de un lado a otro con sus sermones en los
enseres de preparar un mate cocido y unas tostadas que de hablar se le pasaron
un poco, bueno, raro, como si fuera una casualidad ni papá ni mamá figuraban en
la galaxia cercana de las habitaciones de la casa grande, malo, eso daba para
miedos porque seguro que tenía que ver con las pesadillas tenebrosas que venían
cuando lo castigaban por alguna travesura, malo, ni pasos ni voces que trajeran
los ruidos protectores que anduvieran por ahí esos padres orgullosos, en algún
rincón de las galerías, algo no estaba bien aunque mal tampoco, porque en medio
de los ruidos y los movimientos de esa mujer afable y comprensiva que le hablaba,
apareció la tía buena de visita, bueno, justo ella que no los visitaba, la tía
buena y rica que no caía nunca porque no había comodidades como en su casa, pero
a la que el niño con sus ojitos dio la bendición y a su forma porque se trataba
de la tía que nunca le esquivaba a un regalo, cualquiera que fuera la ocasión
para hacerlo, su cumpleaños, los reyes magos, nochebuena, su comunión su confirmación,
en cuanta ocasión que había estaba esa tía gorda presente con regalos que hasta
eran más importantes que los que traía papá que tampoco se hacía el distraído, pero
la mala era que ahora venía sin regalos, raro, el niño ni vio venir la que se
le venía cuando la tía sin más explicaciones los agarro de la mano y se lo
llevó al dentista al consultorio que estaba a media cuadra, ahí se acordó de
las dos noches anteriores en vela y que alguien había hablado de una muela cariada,
ahí se dio cuenta que se trataba de él, y del teatro preparado para llevarlo hasta el
Dr. Pérez, un doctor bien gordo que lo esperaba con unas pinzas en la mano, las manos en la masa, malo.

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