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Sunday, January 11, 2015

Mortificaciones rima apariciones.




Te doy me das, me das te doy, no hay magias ni errores posibles la única manera que tienen los que no tienen de ganarse la vida es trabajando duro, así se gana plata no tirando una moneda y apostando la cara o la cruz, nadie regala su plata, te doy me das parecía que me decía, me das te doy, ahí estaba burlándose de mis sentencias de mis durezas en medio del resplandor de las luces de una luna llena y un foco de cien en el patio de casa, el que no apuesta no gana fui siempre de la vereda del frente, me daba no se qué pensar lo que estaba pensando después de haber desparramado mi opinión por todos los lados que eran muchos los lugares por donde andaba con mis amigos, me daba no sé que aceptar lo que me estaba ofreciendo ese pequeño enano mordaz vestido con ropa estropeada, qué juego ni qué juego la plata se gana con el sudor de la frente, maniático tenía intactas mis manías, el juego de azar es un vicio que una vez que se agarra no se puede dejar, como el chupe o el cigarro, que muchos pierden no solamente unos pesos sino también sus fortunas en los casinos o en la máquinas tragamonedas, como si hubiera estado jugando una payana que yo no quería jugar porque no necesitaba ni me gustaba andar tentando a la suerte si la suerte me sonreía apenas, mal pero me estaba sonriendo, con los ojos abiertos con los ojos cerrados el duendecito estaba frente a mí, aunque yo me impusiera no mirarlo, ni a él ni al número que o veía clarísimo y que con todo sus sarcasmos me señalaba como diciéndome, te doy me das, los duendes no existen con los ojos abiertos solo hay que cerrarlos y ahí uno los sueña o los ve, ellos quieren hacerse amigos para llevarte con ellos allá donde viven, tal vez eso es lo que el hombrecillo quería de mí, mientras me señalaba solo un número para hacer lo que quisiera como apostarlo a la quiniela, a la cabeza, aunque fueran unos manguitos se trataba de setenta veces la apuesta, siete setenta setecientos números de dios y del diablo como el seis, ¿sería el diablo ese duende cómplice, sería un ángel o simplemente una sombra?, lúcido en los días que siguieron y con la plata del premio fui a comprar lo que me hacía falta, y contraté dos hombres para que secaran de raíz el árbol donde él se aparecía, no fuera que volviera, y otra vez mortificado, volviera con ese pacto con el duende, ese acuerdo, era un pacto abierto, o ¿o ya el demonio me esperaba en la otra vida?

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