En los primero de mayo el contratista tiraba la casa por la ventana y
juntaba en un asado pantagruélico a todos los obreros y empleados que
trabajaban con él, un centenar de tipos bonachones y torpes que pintaban un
grupo muy diverso como maestros de brocha gruesa, ingenieros de obra, tenedores
de libros, maestros de mosaicos con supervisores, albañiles de lozas con
electricistas, hormigoneros con serenos, y unos cuantos pares más de oficiales
y rasos, que comían sentados en bancos largos al costado de tablones sobre caballetes que el
contratista disponía en el mismo tinglado donde hacían mantenimiento a los
camiones por lo que tenían hasta una fosa, donde un poco antes de la fecha
apilaban la leña para el fuego que tenía que estar prendido todo el día
completo, porque eran comilonas que duraban todo el día, desde temprano en la
mañana, cuando corrían unas empanadas fritas chorreando grasa como entrada,
antes que aparecieran los cortes los chorizos y las morcillas que ofrecían en
bandejas los que oficiaban de mozos que prestaban esos servicios más las
mujeres de su familia porque como un dictador de línea las ponía para que
hicieran de anfitrionas de paso que miraban los detalles para que todos
estuvieran atendidos como correspondía, hasta la medianoche que era cuando todo
se terminaba como si fuera un decreto de él mismo el contratista era estricto con estas cosas, porque el dos de mayo se laburaba y
todos vivían de esos trabajos que les daban por los contratos que el
contratista tributaba en sus oraciones a San Cayetano para que pararan las
ollas todas las familias que eran y que comían gracias a sus buenos oficios y que comían de su mano, en los primero de mayo el contratista los
dejaba a sus muchachos que se mamaran hasta caer desmayados del pedo a dormir
unas horas para despejarse y según la hora seguir con la joda que por ahí
empalmaban una guitarreada y todos cantaban zamba de mi esperanza con sus
sueños del alma, o volverse a sus casas o quedar en el trayecto calavados hasta que pasaran los mareos, ahí íbamos,
puntuales, cada primero de año, mi padre y yo, tal vez después nos
distanciábamos todo el año, pero nos amañábamos con los muchachos, en cada
celebración del trabajo nos mamábamos con ellos.

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