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Thursday, January 08, 2015

Asistencias rima inasistencias.


El cura del pueblo sabía que por más que el sacristán pachorriento se afanara en tocar bien las campanadas para la misa de las ocho cada día de verano y de las siete en el infierno de calor en los vernos, haciendo escuchar el repique en la aldea donde vivía, muy pocos le daban bola, él sabía muy bien dónde andaban las ovejas descarriadas varones y mujeres que a la larga y a la corta le caían al confesionario a contarle los detalles porque después que pecaban era una de sacarse el cuero entre ellos mismos y principalmente con él, que parecía que esos creían que estaba para escuchar solamente las cochinadas y menos veces para escucharles balbucear la alegrías y las buenas noticias, sabía muy bien que por mucho que se esforzara el picaron del monaguillo en colgarse de las cuerdas en la mitad del campanario para la misa de las ocho sus ovejas descarriadas lo mismo no saldrían de sus ocupaciones de trabajo o de retorcerse en sus camas remoloneando, hasta los sábados a la tarde dedicados a las confesiones ahí sí hacían colas, y también a algunas de las misas de los domingos, aparecían recién después de la misa de las diez de la mañana cuanto más tarde más cómodo para ellos, pero el curita así como conocía a cada una de las ovejas de su rebaño, sabía también que un ramillete de viejas arrepentidas y compungidas, si respondían al llamado de la misa de ocho, y que ellas sí, con todo el tiempo del mundo porque se les acabaron las obligaciones lo mimaban como correspondía, sabía bien que ese ramillete de viejas en batón que ni siquiera se confesaban ya porque les alcanzaba con una confesión cada seis meses, bajarían por las calles del pueblo para seguir sus misas en latín, coqueteando con sus con sus ganas interrumpidas y los pañuelos envolviendo las cabezas rezarían con él pidiendo perdón por los pecados más de pensamientos que de los otros, ellas sí lo animaban y lo mimaban y le traían bollos con chicharrones, y mantecas y mieles y, de vez en cuando, las humitas que le encantaban, de vez en cuando igual que algunas otras cosas que al cura alemán le encantaba.



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