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Saturday, January 17, 2015

Amigos rima enemigos.



Quedamos a merced que el referí se diera cuenta y tocara el silbato o que los cuidadores, los jueces de línea levantaran sus banderines  marcando la posición adelantada, ni más ni menos quedamos ahí sin los unos que eran los propios las amigos las gambas en los asaltos donde pasaban discos de los iracundos, quedamos sin ellos y con los otros que eran extraños, cuando todo empezó, los comandantes, esos que nos explicaron a las apuradas cómo había que depurar al mundo de hipócritas y codiciosos, quitar a los que tenían para dárselo a los pobres, esos cancheros que miramos como valientes adalides de un mundo diferente, los amigos salieron como ratas de sus cuevas, dispersos, corriendo, esquivos, como si ellos hubieran sabido muy bien lo qué tenían que hacer cuando vinieran las emergencias, simplemente se fueron, desaparecieron como arte de magia, muchos internados en el mar de los cañaverales que rodeaban al pueblo, con la excepción de un par de compañeros que la policía acribilló a balazos cerca de la curva de Palo Blanco o Chalicán las noticias fueron inciertas, cuando escapaban después de colocar la última bomba, y la excepción de unos diez compañeros que como nosotros fueron y vinieron cayeron por no acordarse el número de documento de memoria y por averiguación de antecedentes, cuando todo empezó los otros los iracundos que no eran ya los de puerto Mont, esos que parecían enemigos y lo fueron cayeron con cara de sota con su camionetas prestados con obleas del ingenio o de la municipalidad que estuvo copada de uniformados, cayeron los otros con sus comunicados número que se escuchaban por radio con interferencias por radio el mundo, cuando llegaron los otros pateando puertas de vecinos con cara de nada, los otros cayeron con cara de piedra sospechando de todos casándose con nadie pidiendo instrucciones que llegaban por télex y cifrados al sucucho de la empresa montado al efecto, cuando todo empezó todos quedamos en el medio, esperando las instrucciones que no llegaron explicando los que no entendimos muy bien, incautos, desorientados, culpables, de los nervios de los milicos, como los nuestros, que andaban sacados de quicio, como nosotros, sin saber muy bien qué hacer hasta que dieron las primeras señales que supieron, quedamos ahí sin manos que se tendieran hacia nosotros, sin saber qué hacer sin los amigos que se fueron y los enemigos que llegaron, y en el medio, como nosotros, los vecinos, esa chusma, esos chismosos en muchedumbres, donde los enemigos fueron siendo casi amigos y los amigos se fueron convirtiendo en enemigos.


               


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