Si no ganaba por su cuenta ganaba
porque los otros perdían, de cualquier manera tenía la costumbre de andar
primero, por derecha o por izquierda, Justo que estaba ganando la carrera, como
todas las veces porque al segundo le sacaba por lo menos una vuelta, el rulemán
que hacía de rueda derecha de su karting se partió de en mil pedazos y las
bolitas de adentro se desparramaron por el asfalto, como meteoritos a los
tumbos sobre la tierra rebotaron para todos los lados, justo que estaba ganando
la carrera su ayudante paso volando sobre su cabeza y se estrelló sobre la
inmensa puerta de madera del almacén grande, en una de la curvas de ese
circuito que solo servía los fines de semana que cerraban o los feriados porque
era una playa de los camiones que iban y venían con la mercadería que se
vendía, justo que estaba ganando le pasó todo eso y entre que miraba las
bolitas rodando a los costados y a su compañero que comenzaba a enderezarse,
cayó en la cuenta que en medio de la pista impedía el paso de los otros
corredores que, detrás de él, fueron quedando fuera de la competencia, cuando
cayó no se le movió ni un pelo, después de todo no le gustaba perder, y en una
como esta, esa era la forma, no ganó él porque no pudo pero los otros tampoco,
eran una manga de perdedores.

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