A la misa de las siete de la
mañana iban solamente unas cuantas viejas, más temerosas de morirse ese día que
de estar en la iglesia, que llegaban asesando con sus bastones en manos y
escondiendo sus rostros debajo de inmensos pañuelos y algunos de los menores
que se despertaban inoportunamente por esas horas y caían adosados como peludo
de regalo a alguna de las damas más jóvenes después de las campanadas que
retumbaban en todas las casas del pueblo porque eran demasiado grandes o la
urbe demasiado pequeña, menores que al final terminaban sus siestas en los
bancos o reclinatorios después de los primeros bostezos de escuchar el latín de
las primera parte del servicio, y hasta el curita era de los más viejos de la
parroquia que siempre hablaba de estos gentiles donde no había varones porque
parecía que ellos no necesitaban ir a rezar por nada, siempre estaba el padre
más veterano porque los jóvenes seguro que eran remolones, a Socorro se le
pasaban todas estas historias por la cabeza mientras rezaba su rosario de todos
los días, y ahí pensaba que estos eran pecados aunque veniales le decía al
confesor cuando llegaba el momento porque no hay que andar fijándose en los
defectos del otro pero ese envión de pensar maldades cuando no hay que hacerlo era
más fuerte que ella, confesaba una vez por semana las cosas que se le ocurrían
con Liborio y comulgaba todos los días porque había que estar preparada así le
habían enseñado que nadie tiene la vida comprada, y renegaba mucho con los
sacristanes que a la hora de pasar con los alfolí para los estipendios la
miraban picarescamente porque ella no ponía ni un peso, se le había puesto que
ella no daría ni un centavo por ese dinero que seguro con una parte se quedaban
esos monaguillos y con otra parte el curita porque los tesoros que tenía la iglesia
eran inmensos y seguro ni le llegaban, ellos la miraban calzados en sus vestiduras
con solemnidades como si fueran fieles cuando eran infieles como más que ella
tal vez, fieles que hacían infieles y los corrían de la iglesia, como ella o
como otros infieles que penaban por hacerse fieles.

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