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Monday, December 08, 2014

Escudos rima estirpes.




El distintivo, con una ele azul recortada sobre blanco, con una ele rebuscada de curvas como las mejores hembras con curvas en el culo y en las tetas para lo que daba esa letra, con una letra como esa estilizada en cursiva rara de caligrafía de muchas líneas como enseñaba la profesora en la normal, con una ele al medio de un círculo lleno de un amarillo chillón con un número que identificaba la unidad, y algunos que otros colores de adorno además de los del vehículo o de la pared donde estuviera, ese emblema como un  halo fosforescente como si hubiera sido pensado por alguien para amedrentar porque así no estuviera esa intermitencia de colores fuertes quedaba en la memoria, ese logo, se notaba desde lejos, una insignia que no dejaba lugar a dudas de la procedencia de quien o que lo llevara, después de todo la empresa era el corazón de la ciudad y muchos lo comentaban con orgullo como si fuera una protección a fantasmas que pudieran venir de otras tierras, paracaidistas que vinieran a molestar con la concordia que reinaba, como un escudo heráldico, de alcurnias arregladas con plata y el alma comprometida al familiar que vigilaba por todos lados desde el fastuoso dormitorio en el último piso de la sala con cama de dos plazas y mosquitero, como vigilaba Satanás las cosas que no le correspondían al altísimo, porque esas cosas eran todas de este mundo, la producción de cada año y ver que los obreros y empleados no sean renegados después de todo se les daban las coberturas que no tenían otros trabajadores, la divisa de castas contratadas y pactadas por plata, de linajes negociados y sospechosos en baja y linajes en alza como si fueran los pesos de las bolsas que faltan o que sobran en los momentos de las balanzas y que salen de las fábricas, esa marca delataba a la empresa que estaba detrás de todas las cosas del pueblo y porqué no de las persecuciones, en camionetas y camiones que antes andaban por los surcos y ahora y de noche se mueven por las calles del pueblo, decía el negro cuando escapaba, que ellos no quieren el comunismo porque tienen pánico de perder todos esos privilegios que tienen, de perder así nomás por unos cuantos loquitos, esos abolengos que timbeaban en salones exclusivos donde no entraba la gente de medio pelo.

   

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