La escuela normal era la única
escuela secundaria así que allá se juntaban todos los adolescentes del pueblo,
no había diferencias si eran hijos de empleados obreros o zafreros, si eran
nuevos o recién llegados, si repetían o debían materias para diciembre o para
marzo, ahí caían cada ciclo lectivo como repetía el director García en sus
discursos cuando empezaban o terminaban las clases, todos ellos enfundados en
sus guardapolvos blancos y cargados sus cartapacios de libros que pocas veces
abrían y cuadernos de todos los tipos y cantidad de hojas porque cada profesor
pedía lo suyo y, eso sí, de calidades diferentes y en los que sí se notaban las
diferencias entre ellos que eran diferencias de billetera de los progenitores,
porque los chicos ni las notaban cuando tenían que ser compinches para hacer
las travesuras que hacían que algunas eran subidas de tono y pasaban a mayores,
esos entretejidos de malandras que se pagaban con amonestaciones o expulsiones
aunque también en eso aparecían las diferencias, porque unos sí y otros no
pasaban por las penas mayores o menores que el director disponía dependiendo de
la gravedad de los casos, la escuela normal era la única escuela secundaria,
así que allí se juntaban todos los jóvenes, no como cuando llegaba carnaval, y
entonces, las doncellas más que los varones, unas iban al club recreativo y las
otras al club Boca, donde se jugaba con aguan y pintura, no como los aburridos
del club que se pasaban con agua perfumada y serpentinas.

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