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Tuesday, December 30, 2014

Cadenas rima condenas.


Como si fueran olas las cañas se doblaban con el aire y con nuestros cuerpos en la carrera escapando para que no nos alcanzara abriendo senderos en ese mar de cañaverales verde mar de hojas largas llenas de janas y de mosquitos revoloteando mientras escapábamos del chacarero, el corazón se nos salía del pecho más que de la agitación pensando que nos alcanzaba y caeríamos en manos de algún tribunal de viejos bigotudos y malos que nos castigarían por andar donde no debíamos, pero nunca pasaba era a la distancia que lo veíamos como creíamos que él nos veía, y que sin verle nunca la cara por esa distancia y por su sombrero de mucha ala o los pañuelos mojados que se ataba a la cabeza para resistir el sol que partía la tierra en las siestas interminables, nos hacía sentir que andaba cerca siempre y nunca llegaba hasta donde estábamos, y nosotros lo presentíamos como cómplice de nuestras ingeniosas fechorías, que no eran demasiadas pero que hacíamos en terrenos que no eran de nosotros ni los patios de las casas donde vivíamos, eran hectáreas enteras de plantaciones de los dueños que el baqueano cuidaba yendo y viniendo con su caballo por el borde de los cañaverales, nosotros siempre corríamos por ese inmenso océano que en unos meses se desmontaba en la zafra con fuego y machete de los zafreros y el jinete con su mula perezosa siempre estaba aunque nunca llegara ni nunca nos alcanzara, como si sólo quisiera que nos asustáramos y nos diéramos cuenta que podíamos jugar mientras no lo jodiéramos, a él también, seguramente lo vigilaban como nos vigilaba.


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