Al alto la lechuza caían todos
los que tuvieran entre veinte y treinta y pico de años, con todas las
excepciones de los que se colaban haciéndose pasar por más grandes o por más
chicos, disfrazándose para que si los interrogaran les dieran unos años más de
los que tenían o unos años menos porque ya estaban creciditos para andar
mezclándose con los pendejos que iban a comer empanadas tomar sangrías bien
preparadas los viernes y los sábados después de cumplir con los pedidos de los
profes de las distintas facultades, allá vagueaban o seguían vagueando porque
unos vegetaban mientras otros se sacrificaban y estudiaban, caían al alto la
lechuza iban todos a entonarse y a cantar la López Pereyra o el sapo cancionero
o lunita tucumana, unos siguiendo la joda que duraba toda la semana y otros para
joder por ese día o por esos días, sin preocuparse por formas o galas, iban a
distenderse de las obligaciones de la universidad y de los mayores o menores
compromisos que tenían con familiares predispuestos que enviaban puntualmente
las vituallas para pagar pensiones y materiales de estudio como fotocopias y
libros que nunca terminaban de leerse, unos vegetando años en sus carreras
otros terminando lo más rápido posible, al alto la lechuza iban unos y otros a
agarrar una viola y un bombo para cantar la vida me han prestao y tengo que
devolverla, unos y otros chicos y chicas, malos y buenos, chusmas y distraídos,
leales y traicioneros, porque así como iban unos que iban nomás por ir y otros iban
por otras cosas, cuando llegaron los tiempos del operativo independencia con
esas bestias persiguiendo estudiantes, alguien dijo donde no debía que en alto
la lechuza se juntaban todos los zurdos con los otros zurdos los que bajaban de
los montes, y entonces de un día para otro se dispuso un operativo para
llevárselos a unos y a otros en averiguación de antecedentes, al alto la
lechuza no volvieron los que se fueron detenidos, tampoco volvieron a sus
pensiones.

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