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Sunday, September 07, 2014

Legajos rima gajos.



Cuando llegó la moda de contratar contadores y licenciados que asesoraban sobre organizaciones y métodos, contadores y licenciados que costaban mucho por los sueldos que pedían pero bajaban los costos por los despidos que programaban, comenzaron a florecer los legajos en armarios y estanterías que en la empresa no se privaron de comprar como para que prolijamente cada para que uno de los portantes de las siete mil almas que formaban esa gran familia, decía el ingeniero todos los fines de años rodeado de un centenar de chupamedias, tuviera en sus carpetitas todas las anotaciones que correspondieran para saber si eran hacendosos o indolentes, en gajos de hojas movible que novedad tras novedad se incorporaban a esos cartones con ganchos en sus extremos, si andaban en la joda del sindicato o eran disciplinados de esos de hache y tiza de ir y volver de la casa al trabajo, y como enredaderas con brevas que explotaban, florecieron los legajos que cuidaba el carancho y completaba con papelitos de los chismes otros chismes que recogía con los espías que tenía en todas las secciones de la empresa y le reportaban seguro las novedades más bajas de los infelices, allá donde además figuraban historias de sus inasistencias por mamas y sus iracundias con los jefes en la empresa que les daba de comer los arengaba cuando los llamaba a su escritorio antes de echarlos indemnizados, cuando llegó la moda de contratar contadores y licenciados para que asesoraran sobre organizaciones y métodos acondicionaron las oficinas para guardar tantos legajos menos el de él, que no lo necesitaba, el reportaba al ingeniero, sin saber que el ingeniero tenía su espía otro espía, que lo espiaba al propio carancho.

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