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Monday, August 11, 2014

Brillos rima opacidades.



Mirados desde la copa de los árboles donde estaban apostados los matones, los vehículos que circulaban en un sentido o en el otro, parecían movedizos arbolitos de navidad puestos de pronto sobre la ruta treinta y cuatro en trancas en la frontera entre el jardín de la república y la madre de las ciudades, iban y venían, como luciérnagas volando en círculos a tientas, más en las noches que en los días, iluminados por afuera y por adentro según las indicaciones que daban los milicos para andar por ese tramo a no mucho más que de cuarenta quilómetros, tenues luces interiores de pequeños foquitos dejaban más sombras que claridades adentro, fuertes luces las de los faros que penetraban en el túnel oscuro que se abría hacia adelante dejaban más sombras que claridades afuera, aunque los perfiles de los que circulaban, con buena vista se distinguían lo suficiente como para salir de una emergencia de tiroteo cruzado si eran subversivos camuflados de viajeros, sombras silenciosas de fantasmas que viajaban desde cualquier lado a ninguna parte, sin entender, probablemente, que los matones apostados custodiaban el proceso de reorganización nacional, comentó el carancho a sus acompañantes cuando iban a entrevistarse con esas comisiones de derechos humanos o algo parecido, comisiones con misiones claras para cuestiones oscuras, se reía, porque, a río revuelto ganancias de pescadores, él había elegido eso a las comisiones con misiones oscuras para cuestiones claras, de esas hablaba con el ingeniero.

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