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Monday, July 28, 2014

Lonas rima uniformes.


Ninguno supo explicar cómo desmantelaron ese quilombo con los canas pertrechados diseminados por todas las calles del pueblo, si fue por el cagazo que dan esos tipos con uniformes revólveres de percusiones y cachiporras en manos o porque quién más quién menos los obreros tienen en la policía un primo o un hermano o un cuñado, y que entonces trenzarse es como matarse entre los mismos compañeros, en ese pueblo donde todos se conocían, pueblo chico infierno grande, un par de sogas gruesas sujetaban uno de los extremos de los toldos que los negros improvisaron como techos que los protegieran del sol y de la lluvia durante los días de esa huelga del cincuenta y ocho,   los otros extremos sin contemplaciones los clavaron en las mamposterías ornamentales del monumento a la compañera evita, que era el centro de la traza cuadrada de la plaza, inaugurada apenas unos pocos años atrás cuando ellos en el sindicato apoyaban su candidatura para acompañar al general en el nuevo gobierno, los campeonatos infantiles de fútbol, los guardapolvos y las zapatillas para los niños en las escuelas sus desayunos y sus meriendas, eran conquistas sin vueltas que no podían perder aunque ella hubiera fallecido y él hubiera tenido que escapar de las garras de los traicioneros y vende patrias, ahora tristes y en pedo se preciaban diciendo que gracias a esas acciones y sin lamentar muertes como en otros lugares estaban logrando que les reconocieran las horas extras y los aumentos que pedían ahora que ya no estaban ni el general ni la secretaria vitalicia de la cegeté de todos los sindicatos juntos, un par de sogas gruesas sujetaban esa carpas improvisadas donde los laburantes tomaban sus mates y manyaban sus guisos con patitas de chancho y tripa gorda, ninguno supo explicar cómo desmantelaron ese quilombo, si fueron los uniformes grises de los canas uniformados como ellos con sus mamelucos o las parentelas,  el último día que se hizo presente el carancho con media docena de abogados contratados por la empresa intimándolos a retomar sus trabajos, a volver al campo y entrar a la fábrica, porque sino al otro día recibían sus telegramas de despidos con justa causa.


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