Chivados después de los partidos
de tenis en cancha de ladrillo picado que llena de polvo sus almidonados
uniformes blancos y prolijos, chivados pero elegantes los hombre con pantalones
y remeras haciendo juego con el blanco de zapatillas especiales, y la mujeres
con unas polleras más cortas de las que usan cono soleras, más sugerentes,
todas de blanco también, iban a las barras y sentados en las banquetas altas a
tomar tragos largo preparados por el gringo Matos que los conocía a todos, más
bien las mañas y las historias de todos, menos chivados pero chivados igual
otros hombres de blanco, más veteranos pululaban a los costados del rectángulo
de las bochas que jugaban donde tenían además dos cajones de sapos donde
tiraban las fichas en los intervalos de los juegos en parejas acercando las
bolas a los bochines, chivados como estaban rondaban los primeros concurrentes
a mlos bailes de los sábados, los hombres especialmente pispeando las mujeres
de otros en busca de miradas de complicidades que pudieran dar un indicio de
las predisposiciones de ellas, que, igualmente, murmuraban entre ellas
haciéndose comentarios de los que comentaban que eran los más osados de esos
grupo como para andar con aventuras, extraconyugales le llamaba el padre Keiner
que se agarraba la cabeza cuando alguno arrepentido le caía al confesionario,
porque en eso sí, se le armaban líos al carancho cuando tenía que contarle de
esto al ingeniero, mujeres de obreros pisadas por ejefecitos calentones,
mujeres de jefes superiores mezcladas con empleados de cuarta categoría, en
juegos peligrosos, pero movidos igual que los bailes en el recreativo o en el
club social del ingenio.

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