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Wednesday, May 07, 2014

Selectas rima matinés.



Las neurastenias que unos minutos antes eran su mundo sus mundos, y que ellos pasaban en silencio, entre cielos e infiernos, lloriqueando por esos cuadros no deseados, sin entender demasiado sus culpas para desencadenarlos, porque qué más podrían haber hecho que abrir los ojitos desconcertados por los gritos, las discusiones, los rezongues pesados del viejo quedaban en la historia, apenas los niños ponían una pata en los ladrillos de la vereda, todas las arengas las reminiscencias a su vida pasada y a sus decisiones ejemplares, según sus propias declaraciones, martirizándolos con que él era bien distinto a sus edades, todo esos, esos torbellinos de líos de enredos, apenas pisaban esos ladrillos desteñidos y rotos que a lo largo de unos cincuenta metros pasaba por todo su mundo de entonces sus mundo otros mundos, distinto a ese otro que siempre venía con malos augurios, un mundo otro mundo circunscrito en esos días al chorizo que empezaba en la casa de los Brandan que eran un montón entre los padres y como diez hermanos algunos ya con sus mujeres, y terminaba en el ante patio del atrio de la iglesia, una iglesia grande, imponente, que desentonaba con el tamaño del pueblito porque los dueños del ingenio habían puesto toda la plata para hacerla, entera, apenas pisaban otras arenas, las renegadas quedaban en la historia, mientras ellos caminaban derecho al cine teatro del ingenio, el otro mundo de sus mundos su mundo, ese nuevo universos en el otro extremo del primero, habitado por los sucesos argentinos y las peripecias de Elvis en Acapulco, habitado por los fantasmas de ese cantinflas de bigotitos finos, apenas una línea sobre sus labios superiores y los pantalones a la altura de la raya del culo, justo hasta esta donde no se viera. 

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